12 de marzo - Buenos Aires
Me olvidé la tarjeta de lunch-crédito en el box, y me di cuenta ya en la cafetería. No me quisieron anotar un paquete de galletitas.
Es ridículo, voy todos los días a la misma hora, y llevo lo mismo. No es que me vaya a robar nada.
La chica me dice "si se entera mi jefe me mata". Y qué le voy a decir? Claro, no puedo ponerla en ese compromiso. Si me quería hacer la gamba no me decía nada, o sea... o me trabaja la culpa o me está diciendo que no. Para eso que me diga que no y ya.
Vuelvo al box frustrada y sin desayuno. Por el pasillo, entre las rows, una mujer viene arrastrando una silla (que, evidentemente, es más importante que cualquiera de los que venimos caminando). Antes de estamparme contra la row, café en mano, me corro y dejo a la silla pasar.
Lo raro es que todavía me sorprende el individualismo.
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Me comenta D. que es impresionante como, después de buscar una cosa en internet, ésta aparece para siempre de nuevo, en forma de anuncio, sugerencia, publicidad, etc. en búsquedas posteriores.
Claro, digo, los motores de búsqueda se basan en información almacenada. Lo que uno busca siempre queda almacenado.
Pienso que la personalización de internet es en realidad un arma de doble filo. Nada escapa a la red virtual.
Ella coincide, y yo me pregunto: qué clase de archivo de la vida estaremos creando...?
(Y más... quién controla ese archivo de la vida?)
A veces creo que somos ingenuamente inocentes.